miércoles, 14 de diciembre de 2016

Niños con tics nerviosos: cómo manejarlos

Muchos padres tienden a ignorar la situación o a reprocharle al niño, creyendo que lo hace a propósito // Foto: Guía Infantil

Por Beatriz Guzmán—Cuando un niño desarrolla tics nerviosos, las señales son fáciles de notar, aunque muchas veces, pueden llegar a pasar desapercibidos por los padres. Son cosas tan simples como guiñar el ojo, tocarse las orejas, hacer ruidos o repetir una palabra en específico, que aunque son involuntarias, transitorias e inofensivas; con el tiempo pueden traer problemas académicos y sociales, siempre y cuando no sea tratado el problema.

En estos casos, lo primero que deben hacer los padres es informarse muy bien sobre la condición y diferenciarla de otros trastornos infantiles, sin sobredimensionar la situación ni tampoco restarle importancia.

De este modo, podrán ofrecerle al niño un buen apoyo emocional, que es esencial debido a que muchas de las complicaciones que giran en torno a los tics, según los expertos, tienen que ver con el manejo que les dan los adultos, que no saben muy bien qué hacer cuando se manifiestan; los confunden con manías o malas costumbres o los interpretan como síntomas de una patología o una deficiencia.

Así, mientras que algunos intentan corregir al menor y le piden que evite hacerlo, otros ignoran la situación o, en el peor de los casos, comienzan a darle medicamentos de manera apresurada.

De hecho, los tics afectan un 25 por ciento de la población infantil y en la mayoría de los casos son imperceptibles para el mismo niño, a menos que un tercero le haga caer en cuenta de ello. Así, si alguien insiste en hacerle ver el defecto y lo presiona a dejarlo, lo más seguro es que se produzca el efecto contrario, el niño genere angustia frente al tema y el tic se intensifique.

Cuando esto pasa, el niño termina haciendo grandes esfuerzos para tratar de controlarlo y puede acabar exhausto, lo que tiene implicaciones a nivel de atención, rendimiento académico y relaciones sociales, así lo explican algunos expertos.

En ese sentido, al contrario de la intuición de muchos padres, pedirle al niño que simplemente se controle o se comporte es una tarea que sobrelleva angustia para él.

Algunos coinciden en que ese es uno de los errores más comunes de los padres: pensar que el infante lo hace a propósito o porque quiere; o como una forma de contradecir o retar al adulto.

Los especialistas señalan que es muy importante que los padres comprendan que se trata de contracciones nerviosas involuntarias; y que los niños no lo hacen con intensión alguna y que no pueden controlar.

Al contrario, los tics pueden ser producidos por factores como desórdenes genéticos y metabólicos; y desórdenes relacionados con la producción de la dopamina, un hormona neurotransmisora que se relaciona con varias funciones del cuerpo, entre ellas el movimiento.

También, puede deberse a situaciones de estrés y ansiedad que los pueden desencadenar o agravar, como la muerte de un ser querido, un cambio de residencia o de colegio, la llegada de un hermanito, la separación de los padres o un hecho traumático que el pequeño haya presenciado.

Los tics suelen aparecer entre los cinco y los siete años, siendo más frecuentes en los varones, sobre todo en aquellos más tímidos. Así mismo, tienden a intensificarse por cansancio, estrés, falta de sueño y ansiedad; y a disminuir e incluso, desaparecer temporalmente cuando el niño está relajado, concentrado en algo que atrapa por completo su atención o dormido.

Algunos estudios han demostrado que los tics suelen desaparecer durante la adolescencia, más o menos a partir de los 15 años. El 75 por ciento de los casos, los tics desaparecen solos, sin necesidad de tratamiento o medicación, lo que no implica que sea una situación que no amerite acompañamiento.

Aunque los expertos señalan, que los tics generalmente son inofensivos y no impactan directamente en la salud del niño, la presencia de movimientos que se hacen cada vez más frecuentes, repetitivos y que el niño no puede evitar o controlar, llegándole a producir limitaciones en sus actividades diarias; sí pueden ser considerados como un signo de alarma.

Pautas para ayudarle a un niño a vencer un tic en la infancia:

– Evitar corregirlo, reprenderlo, culparlo y mucho menos castigarlo. Al contrario, prestar atención a las situaciones que desencadenan el tic y evitarlas.

– No prestarle demasiada atención al tic y hacer como si no lo viera. Esto puede hacer, que el niño se sienta perturbado y conlleve a que el tic empeore.

– No sobrecargarlo con actividades y obligaciones que puedan generarle tensión. En cambio, la actividad física y el ejercicio al aire libre, pueden ser buenos momentos de relajación.

– Animar al niño a expresar sus sentimientos al respecto. ¿Hay algo que lo angustia, le produzca ansiedad o le genere estrés en su cotidianidad?

– Si se nota que el tic afecta las actividades comunes de su hijo, consultar con su pediatra o neuropediatra.

– Tener en cuenta que los tratamientos con fármacos, solo se consideran en casos graves.

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